sábado, 4 de marzo de 2017

EXCURSIÓN ORNITOLÓGICA A LAS LAGUNAS DE LAGUARDIA. (ALAVA/ARABA). 4-3-2017.

Un mes después de las actividades del Día Mundial de los Humedales, el 4 de marzo, volvimos a elegir un humedal para realizar una salida ornitológica: El Complejo Lagunar de Laguardia, a pocos metros de la bellísima localidad homónima de Laguardia-Biasteri, capital de la cuadrilla de Rioja-Alavesa y curiosamente incluída desde hace pocos meses, a efectos turísticos, en la lista de pueblos más bonitos de España.







Este hábitat acuático tan sureño en la geografía alavesa y vasca, con rango de biotopo protegido, Humedal de la Lista Ramsar, Zona de Especial Conservación (ZEC) y perteneciente a la Red Natura 2000, no tiene nada en común con los humedales que hemos visitado el mes pasado. 



Es una comarca de clima mediterráneo y su origen hidrográfico también es diferente. Se trata de un conjunto de tres lagunas; 2 de ellas: Carralogroño y Carravalseca son lagunas naturales de origen endorreico, es decir que no disponen de un desagüe o drenaje hacia el exterior y que sus aguas solamente provienen del agua de lluvia. En verano, con la ausencia de precipitaciones se llegan a secar, dejando una superficie blanquecina causada por la meteorización de las sales que contienen el agua de lluvia al evaporarse.


 

La tercera laguna, situada a 800 m. justo enfrente del casco urbano de Laguardia, llamada Prao de la Paul, que es la mayor superficie, en realidad es un embalse creado sobre una antigua zona encharcada. Éste si que mantiene agua todo el año y es el humedal que mayor diversidad de aves posee tanto de paso como en la invernada y en la época de cría, de todo el complejo lagunar. 


En cuanto a la vegetación palustre, también las masas de carrizales y espadañales son mucho más destacadas en el Prao de la Paul. 


En esta ocasión solamente visitamos ésta, ya que es la más interesante e importante del biotopo recorriendo el sendero perimetral. 



El entorno y las vistas son magníficas, de frente, encaramada a su colina, como barco varado en tierra, la medieval y amurallada villa de Laguardia, y como telón de fondo, los viñedos siempre respaldados por el cordal de la imponente Sierra de Cantabria. 


Iniciamos el cómodo sendero, de este día de nubes medias y claros de luminoso cielo azul, pero mostrándose marzo, ventoso, cumpliendo el refranero y frío, que el invierno no ha acabado y tampoco en éstas las tierras más cálidas de Álava. Atentos a las pequeñas avecillas que siempre nos saludan primero: las passeriformes, como los petirrojos europeos (Erithacus rubecula), que salieron al camino a fisgonear, para saber  de quién eran los pasos que escuchaban, carboneros comunes (Parus major), pinzones vulgares (Fringilla coelebs), herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus), Gorriones comunes (Passer domesticus), Cetia ruiseñor (Cettia cetti), Golondrinas comunes (Hirundo rustica), muy tempraneras ellas en este invierno, como pudo comprobar e inscribir la cita nuestro compañero J.Javier a mediados de febrero en Salburua. 




También los mirlos, de los árboles descendían al camino y vuelta a las ramas. Por momentos nos íbamos fijando, siempre con silencio sepulcral y movimientos lo más lentos posibles para no asustar a las aves palustres, por si se diera el caso de que entre las cañas estuviera parapetado el sinpar bigotudo (Panurus biarmicus) ya que este paraje es un muy buen lugar para verlo. Algunos afortunados lo hemos conseguido observar aquí.

Y enseguida llegamos al único observatorio que posee el humedal. Turno ahora, como no, para las acuáticas, las auténticas protagonistas de estos hábitats, tales como las que vimos: Garzas reales (Ardea cinerea), Garceta grande (Egretta alba), cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo), ánades azulones (Anas platyrhynchos), zampullín chico (Tachybaptus rufficollis), somormujo lavanco (Podiceps cristatus), porrones europeos (Aythya ferina), fochas comunes (Fulica atra) y el depredador de muchos de ellos: el aguilucho lagunero occidental (Circus aeroginosus); una pareja sobrevolaba cada uno por su lado la masa de agua.

 
 
 
 
 
 
 


El viento que soplaba era bastante frío y eso se hacía notar en los dedos, mientras sujetábamos los prismáticos, pero intentar avistar al singular y esquivo pajarillo de largos mostachos, pone a prueba la paciencia y el sigilo. La espera fue premiada, muy fugazmente pero eso sí, era él, el peculiar y bellísimo bigotudo (Panurus biarmicus), un rostro y un aspecto "quevedesco" que no se olvida nunca y con un plumaje color canela y una cola larga preciosa, al rato y ya disponiendonos a marchar la pareja de bigotudos se posó frente a nosotr@s dejandonos mudos observandoles.


Al filo del mediodia, percibiendo que la quietud de la laguna da poco pie a más avistamientos, salimos del observatorio, para terminar de recorrer el circular sendero, teniendo la oportunidad de ver milanos negros (Milvus migrans). 

 

En un momento del camino, hay una pequeña subida a un montículo llamado la "Atalaya", que ejerce de mirador natural de todo el panorama, explicado en su útil panel interpretativo de los valores naturales del hábitat y la silueta orográfica de los montes de la Sierra Cantabria. Es éste también un lugar perfecto para observar al atardecer la oscilante y acrobatica danza aérea de los multitudinarios bandos de estorninos negros (Sturnus unicolor), un espectáculo digno de verse y admirar.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Llegando la hora del almuerzo, que mejor forma, que hacerlo en la amurallada y medieval villa de Laguardia, a resguardo del frío, en uno de los bares del casco histórico, entre callejuelas, que albergan siglos y muchos episodios de la historia medieval de los antiguos reinos de Castilla y Navarra.


Esto ha dado de sí el día, naturaleza e historia, compartiendo un mismo entorno, valores naturales y culturales dignos de admirar y conservar y disftutando con los compañer@s de nuestra pasión por las aves.


Cronica: Jjavier y Ana Mar
Fotos, Ana Mar y Antón







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