martes, 5 de mayo de 2015

Excursión a los collados del Asón en busca de anfibios y reptiles (3/04/2015)


Aprovechando las vacaciones de Semana Santa, algunos miembros del grupo marchamos de excursión a Cantabria. Allí nos esperaba nuestro compañero y amigo Ángel Ruiz Elizalde que  había quedado con nosotr@s para guiarnos y  mostrarnos  las características  y variedades de algunas especies de anfibios y reptiles de la zona. Ángel, gran conocedor del mundo natural, nos propuso como ruta, recorrer diversas zonas del Parque Natural de Los Collados del Asón,  situado este, en la parte oriental de Cantabria, lindando con tierras burgalesas.


El viernes 3 de abril quedamos temprano en el puerto de  Colindres  para  dirigimos todos juntos hasta el puerto de los Tornos (920 m. de altitud). Una vez allí, aparcamos en un recodo y fuimos caminando, vadeando un riachuelo que nacía de una laguna hasta una zona de turbera.


Aunque esta vez el objetivo de nuestras miradas estaba en tierra,  no pudimos dejar de observar  a las aves, que curiosas  llamaban nuestra atención con sus cantos. La primera en dejarse ver una Tarabilla común (Saxicola torquata)  que estrenó las anotaciones del día. Minutos después,  un Acentor común (Prunella modularis).  


Vimos salir volando Una Agachadiza común (Gallinago gallinago) y a un Andarríos grande (Tringa ochropus). Pasado un rato de observación,


emprendimos camino encontrando pronto  los primeros ejemplares de anfibios, representando a los dos órdenes de este grupo, un individuo joven de Tritón palmeado (Lissotriton helveticus), del orden de los urodelos  (con cola)

y el otro, un Sapo partero común joven (Alytes obstetricans) perteneciente a los anuros (sin cola).

 
En el mullido terreno de la turbera vimos a una pareja de Sapo común (Bufo bufo), que se encontraban en posición de amplexo (postura de acoplamiento típica de los anfibios anuros, el macho subido al dorso de la hembra).  

A pocos metros de ellos, en la parte más profunda de un canal, visualmente  tapado, Ángel encontró a más de una docena de ejemplares atrapados. Probablemente los sapos se metieron en el canal cuando estaría lleno de agua, pero lamentablemente al secarse quedaron atrapados sin poder trepar para salir. Inmediatamente procedimos a su rescate, dándonos cuenta de que estaban en un estado de desnutrición y que corrían riesgo de morir de hambre.


Los recogimos con sumo cuidado y los fuimos devolviendo a las aguas del riachuelo que fluía bajo un lado de la turbera, lamentablemente algunos estaban ya muertos.


Poco después pudimos darnos cuenta de que en la orilla de la laguna había restos  de sapos comunes destripados, probablemente por una nutria o por algún otro depredador.

Dado que es un tipo de terreno irregular y dificultoso para andar, caminamos con cuidado y atentos al suelo para no pisar en los lodazales que se ocultaban bajo la hierba rala.


Y en esas que por mirar al suelo pudimos fijarnos en las huellas de aves que estaban marcadas en el barro.



En el cielo también había señales de vida,  las silueta de un Busardo ratonero (Buteo buteo) y el cernido de un Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). Buscando por los alrededores de la zona  también nos encontramos   debajo de las piedras y residuos una Lagartija de turbera (Zootoca vivipara louislantzi).


Cuando ya nos volvíamos hacia los coches, nos fijamos en las huellas que había en el suelo  de corzos y jabalis, y mirando estabamos cuando  la sorpresa la dio la repentina y fugaz aparición de un Corzo (Capreolus capreolus) pasando a pocos metros de nosotr@s,  para perderse de un salto entre la vegetación. 



De allí  partimos para ir adentrándonos por la sinuosa carretera en los vericuetos y parajes del intrincado valle de Soba.


En cada rincón que nos hacía parar nuestro compañero Ángel, teníamos la suerte de encontrarnos con alguna sorpresa.

(Pararge aegeria) Mariposa de los Muros de familia Satyridae
Erythronium dens-canis, comúnmente conocida como diente de perro,  Uña de caballo (tassilago farfara), Lathraea_clandestina,  Nombre común Hierba de sotierra. Primulas, lirios y anemonas nemorosas destacaban entre las mucha flora que llenaba el campo.

En una de estas parada al destapar algunas piedras aparecieron varios ejemplares de una de las especies de anfibios más bonita y vistosa: la Salamandra  (Salamandra salamandra), con sus característicos 2 colores: negro y amarillo. Encontramos por separado individuos de ambos sexos.

 

Mientras disfrutábamos de la observación de la salamandra,  de fondo se escuchaba el "relincho" del Pito real (Picus viridis), el canto del Trepador azul (Sitta europaea) y del  Mosquitero ibérico ( Phylloscopus ibericus). Unos metros después  pudimos ver  herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) y  mitos (Aegithalos caudatus) además del "mimético" trepar de un Agateador europeo (Certhia brachydactyla).

Seguimos camino y  paramos en un regato, en las profundidades del valle,
donde encontramos  los ejemplares de Rana bermeja (Rana temporaria)
 
y Rana patilarga (Rana ibérica) de la que pudimos comprobar, como define su nombre, la destacable longitud de sus patas posteriores.


De nuevo en ruta, nos dirigimos  al mirador que está orientado a la cascada de Cailagua, el conocido,  nacimiento del río Asón, rio este que  desemboca en Laredo. Conforme acumulábamos kilómetros, íbamos ascendiendo y las curvas se sucedían casi a cada recodo, dejando atrás pueblos como La Gándara. Seguimos así hasta llegar al descenso de los collados, en donde se enclava el mirador panorámico frente a los verticales murallones rocosos por dónde se despeña el recién nacido río Asón formando una perfecta "cola de caballo" de 70 m.

La belleza y plasticidad de la cascada era indudable, podía apreciarse como el viento reinante jugaba con la cortina de agua, empapando los pastizales y bosques de su base. Son estos formidables riscos, el reino de las aves rupícolas como los Aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris) y los Buitres leonados (Gyps fulvus) que pudimos contemplar, al igual que a un Milano negro (Milvus migrans) y a un Busardo ratonero (Buteo buteo).

 
 

Una vez disfrutado del paisaje y contemplado el salto de agua,  emprendimos  viaje para realizar la  última parada en un abrevadero, lugar idóneo para encontrar tritones.

Ángel nos fue mostrando las particularidades de los que allí se hallaban viviendo: Tritones palmeados (Lissotriton helveticus) y una pareja de los vistosos Tritones alpinos (Ichthyosaura alpestris ) con su llamativo vientre naranja intenso.

El macho tiene el dorso de un tono gris azulado y el de la hembra es un tono grisáceo tirando a marrón uniforme. También había multitud de larvas de Rana bermeja (Rana temporaria). Ya sin luz para observar, dimos por terminada la excursión en busca de anfibios. Pasamos un excelente día entre amigos, agradecer  a nuestro compañero Ángel que nos hizo disfrutar con todas sus explicaciones sobre el  interesante mundo de los batracios.


Fotos:   Arantza Ansotegui,Ana Mar. Montoya, Shanti Perez, Jjavier Frias
Crónica: Jjavier Frias y Ana Mar.

lunes, 4 de mayo de 2015

EXCURSIÓN ORNITOLÓGICA A LA LAGUNA DE LA NAVA. Fuentes de Nava. Tierra de Campos (Palencia). 18-4-2015

En esta ocasión organizamos una salida ornitológica a La Laguna de la Nava y parajes de alrededor de Palencia. Hasta allí llegamos compañeros de Cantabria, Álava/Araba, Bizkaia y La Rioja (Antonio, Arantza, Shanti, JJavier, Angel y Ana Mar), Guiados por nuestro compañero Javi Aizcorbe, buen conocedor del lugar. A este tipo de ecosistemas lo ideal es ir en grupos reducidos para evitar molestias a las aves, sobre todo en estas fechas que se encuentran en plena época de cría. 


La Laguna de La Nava, es un importante humedal, punto azul en medio de las vastas llanuras cerealistas de Tierra de Campos, oasis estepario, refugio de invernada y lugar de cría de multitud de especies orníticas. En estas tierras mesetarias de perfil llano y ligeramente ondulado, el cielo se percibe más inmenso de lo habitual, este 18 de abril, nos acompaño también un firmamento de nubes y claros con enormes cúmulos algodonosos. 

En cuanto llegamos al aparcamiento de Cantarranas, respiramos la belleza y serenidad de estos paisajes castellanos, hermosos campos de Castilla poetizados por Machado. Muy a lo lejos, pero perfectamente identificables, pudimos ver a una de las señas de identidad faunística de estas tierras: la Avutarda (Otis tarda), un grupo mixto de 13 de estas enormes y voluminosas aves caminaban entre las verdes espigas de las fincas de cereal. 


El ave voladora más pesada de la Península que puede llegar a pesar 18 kg.


Permanecimos un tiempo en el aparcamiento, dado que las oportunidades de contemplar se sucedían, como el vuelo de varios Milanos negros (Milvus migrans), el de la tímida y huidiza Garza imperial (Ardea purpurea), Cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), la presencia de Cornejas negras (Corvus corone), el posado de un Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), una Collalba gris (Oenanthe oenanthe), los cantos a derecha e izquierda de los Gorriones molineros (Passer montanus) y el insistente canto del Cetia ruiseñor (Cettia cetti ). 


 Una vez iniciamos el sendero que bordea parte de la laguna


nos detuvimos en uno de los observatorios, en este caso, el de “El Prao” unido al sendero por una pasarela que atraviesa el bosque ribereño. 



Desde este, se puede ver el carrizal orientado a la laguna. 

 

En el carrizal, el movimiento de los tallos de algunos carrizos y eneas denotaba que una avecilla se escondía tras la vegetación y que con paciencia y mucho silencio, pronto podríamos identificarla. Su antifaz le delató, se trataba del Pájaro moscón (Remiz pendulinus).   


Desde que llegamos no paramos de escuchar a la buscarla unicolor (Locustella luscinioides) aunque no tuvimos suerte de verla. La gran cantidad de vegetación acuática que proliferaba por la laguna, hacía que desde los oteaderos, apenas se pudieran ver las cabezas de las anátidas. El mayor número de éstas lo componían Ánades azulones (Anas platyrhynchos) y Fochas comunes (Fulica atra). 


Como suele ser habitual en estos humedales vislumbramos la ronda de vuelos intimidatorios del predador de estos biotopos, el Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) 


y volvimos a presenciar el vuelo de la Garza imperial, la pose de una Espátula (Platalea leucorodia), el Zampullín chico (Tachybaptus rufficollis) mientras el Cetia ruiseñor no paraba de cantar. Posadas en los carrizos una pareja de Lavanderas boyeras (Motacilla flava) jugaba a encontrarse.

 

Reanudando el camino por el sendero, 



pasaron en vuelo un pequeño grupo de Palomas torcaces (Columba palumbus), se escuchó el trino del Carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus), mientras no paraba de sonar el canto del insistente Cetia ruiseñor y su "tocayo" de más armonioso canto: el Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos). Entre trino y gorjeo, seguimos mirando al cielo para admirar de cerca a 4 machos de Avutarda, que a pesar de su corpulencia y gran peso, su vuelo era tan elegante como si de un ave grácil se tratara.  



En el margen derecho del camino, encaramadas a las construcciones de adobe, sobre todo los palomares tan típicos de estas tierras, se solazaban una Lavandera boyera y una Collalba gris, ambas quietas nos observaban, cambiando de posadero a medida que avanzábamos en el trecho. 

Los siguientes en unirse a la lista, fueron, el Mosquitero común (Phylloscopus collybita) y la Urraca (Pica pica). Oculto dentro del carrizal que delimita el margen izquierdo del sendero un Carricero común (Acrocephalus scirpaceus). No pudimos acceder al observatorio de Carrapalencia, observatorio cubierto, de dos plantas, ya que lo estaban arreglando pero seguimos camino. Casi al final del sendero, se sitúa el observatorio “El Confitero”, plataforma frente a una zona inundada en la que proliferaban sobretodo limícolas.


Un grupo de 46 Cigüeñuelas (Himantopus himantopus)  y 38 Avefrías (Vanellus vanellus), Archibebes claros (Tringa nebularia), Cigüeñas blancas, Espátulas, Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) y muy a lo lejos, solo perceptibles con el telescopio, aparecían tras las plantas acuáticas, 3 ejemplares de una anátida de ceja característica, la Cerceta carretona (Anas querquedula). 

Desde la plataforma y mirando hacia el arroyo colindante, observamos a un Escribano triguero (Emberiza calandra) y en lo alto de una rama cantando, a un Carricerín Común (Acrocephalus schoenobaenus). Desandamos lo andado escuchando el potente trino del Chochín (Troglodytes troglodytes) y observamos al Carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus), Lavandera boyera, Gorrión común, Curruca capirotada macho (Sylvia atricapilla), Tarabilla europea (Saxicola rubicola)  Golondrinas comunes (Hirundo rustica) y Gorrión molinero.


Al llegar a la altura del observatorio de “El Prao” nos paramos de nuevo a comprobar el panorama, viendo de nuevo al  Zampullín chico (Tachybaptus rufficollis), y pudiendo anotar en nuestro cuaderno de campo, Ánade friso (Anas strepera), Garceta grande (Egretta alba) y Silbones europeos (Anas penelope) y al salir de allí, la curiosa y a la vez extraña pose de una Paloma bravia (Columba livia) que apoyada verticalmente en el tronco de uno de los árboles, permanecía tranquila sin asustarse de nuestra presencia, vimos que estaba anillada con  una anilla naranja.

Ya de vuelta, en el aparcamiento de Cantarranas, dedicamos unos minutos a observar la Garza imperial. 

  

De allí nos desplazamos hasta el observatorio “Corralillos” orientado al otro lado de los anteriores miradores donde pudimos aprovechar para comer mientras observábamos, las Avocetas (Recurvirostra avosetta) que permanecían juntas en medio de la laguna y un numeroso grupo de fochas comunes, las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus), el sin parar de las golondrinas comunes



los Ánades azulones y una pareja de Aguiluchos laguneros occidentales (Circus aeruginosus ) que sobrevolaban conjuntamente la lámina de agua.  Camino de vuelta al coche un Chochín nos observaba entre unos arbustos. Cuando ya estábamos en marcha, una visión no prevista nos hizo detener los vehículos: a pocos metros, estaba una pareja de Chorlitejos chicos (Charadrius dubius), que según parece no es muy habitual por la zona. En silencio y con mucho sigilo, pudimos disfrutar durante un buen rato de la observación. 

Satisfechos de lo visto por el humedal, seguimos ruta por varias zonas de los pueblos de alrededor. Como siguiente etapa, paramos un buen rato en la localidad de Frechilla, en la plaza de su iglesia, en donde se pueden ver y disfrutar de los Cernícalos primillas (Falco naumanni). 


 

El trasiego alrededor del tejado, era constante. El vuelo de estas pequeñas rapaces algo menores que su pariente el Cernícalo vulgar, era si cabe más acrobático. Orientamos los telescopios hacia la parte alta del edificio, fijándonos en cada repisa, dovela o hueco donde se posaban, viendo a varias parejas. 

 

Compartían espacio con los Estorninos negros (Sturnus unicolor) y las Grajillas (Corvus monedula), habituales moradoras de iglesias y viejos edificios. 

 

Dejamos a los primillas, para seguir rumbo a Guaza de Campos. 


Muy cerca de este pueblo se emplaza solitaria en un paisaje ondulado de lomas,  la ermita del Santo Cristo de Acebes; 

 



en este recinto fuimos escudriñando todos sus inabarcables y lejanos horizontes con la esperanza de divisar a estas esteparias aves. 


No tardaron demasiado en aparecer 4 ejemplares volando y minutos después, observamos el pausado deambular de un grupo de una decena de individuos, por las lindes de dos parcelas. 


Pudimos disfrutar de los pavoneos y acercamiento de los machos a las hembras, éstas de mucho menor tamaño. Uno de los machos efectuó la típica "rueda" propia del cortejo, siendo un espectáculo contemplar cómo ahuecan las plumas, volteando las alas y confiriéndoles un llamativo aspecto blanco a su ya de por sí vistosa librea.  volviendo al coche ya en dirección Villarramiel, las pudimos observar mucho más cerca desde el borde de la carretera, guardando en las retinas el airoso y pausado pavoneo junto a las hembras. 


Después de una parada y de un café en el Centro de Interpretación de otro de los valiosos humedales de la comarca: la Laguna de Boada (refugio invernal de multitud de Ánsares comunes), emprendimos la vuelta, con olor a lluvia en el ambiente y el cielo con algunas nubes tormentosas. 
 
Durante el trayecto en dirección de nuevo a Frechilla, seguimos viendo Cernícalos primilla posados en los cables eléctricos, también un Milano real (Milvus milvus), Jilgueros (Carduelis carduelis) y Cogujadas comunes (Galerida cristata). Al llegar a la iglesia, última parada para volver a contemplar el incesante vuelo de los primillas y a una pareja posada en las cornisas enladrilladas.

 
 

Mientras en el entorno de la plaza, sonó el lastimero canto de la Tórtola turca (Streptopelia decaocto) se oyó el relincho del Pito real (Picus viridis) y se dejó ver un Verderón común (Chloris chloris). 

Con la tarde avanzada, enfilamos otra vez hacia el aparcamiento de la Nava, nos despedimos y emprendimos el regreso dando fin a una jornada especial en compañía de buenos amigos.

Fotos: Antonio Sanz, Angel Martinez, Shanti Perez, Arantza Ansotegui, Jjavier Frias, Javi Aizcorbe, Ana Mar. Montoya
Crónica: Jjavier Frias y Ana Mar.